El gran Espectáculo - Miércoles (2)
- 2 -
08:33 h
Observo a todos los alumnos de mi mismo colegio.
Todos bien peinados y vestidos.
Todos acompañados por un familiar.
Padres, madres, abuelos o abuelas.
Algunos con sus hermanos.
Suspiro.
Bostezo una vez más. Tengo sueño, trasnochar nunca es una buena idea. Lo malo es cuando tienes una magnifica idea rondando por tu cabeza que te impide dormir hasta no haberla plasmado entera en papel. En toneladas de papeles.
Me duele la cabeza de tanto pensar.
Nada nuevo.
Siempre espero en el mismo lugar, allí donde la mayoría dejaría sus bicicletas. Aunque por lo general solo hay tres. La mía ya estaba allí esperando a las otras dos que faltaban.
Me aliso el uniforme tocando el bordado de la camisa. El escudo del colegio junto a tres estrellas.
Repaso el plan una vez más. Miro mi reloj compulsivamente. 08:39 a.m.
Siempre llego temprano. No se cual es esa necesidad.
-¡Ei! (pausa para tomar aire) ¡Buenos días! (pausa para tomar aire) ¡Siempre puntual! -chilla un chico mientras se acerca veloz con su nueva bicicleta amarilla.
-Buenos días, ¿es necesario chillar tan temprano? -chillo en respuesta.
El sudor ya se le pega a la ropa dejando grandes manchas en su espalda.
Las profesoras se volverán a enfadar con él.
-¿Temprano? Si ya son pasadas las 8 de la mañana. Ya es tarde. He salido a correr con mi padre mientras paseábamos a las perritas. Mi madre se a quedado en casa para despertar a mis hermanas pequeñas y darles el desayuno. Creo que las ha duchado, al menos al volver estaban chillando como locas por la casa desnudas... -y así durante casi diez minutos, narrando todo lo que le había dado tiempo a empezar y terminar durante la mañana.
La cosa estaba clara, en esa casa no eran normales. O no dormían, de allí el tiempo y humor para poderlo hacer todo siempre.
Entrenar.
Trabajar.
Mantener el orden en la casa.
Una dieta saludable para la familia.
Impresionar con una imagen perfecta.
Lo tenían todo o aparentaban que daba justo.
Vuelvo a mira el reloj. 08:41 a.m.
Deja de mirar el reloj.
No puedo.
Si puedes.
No puedo.
El tiempo va más lento cuanto más lo miras, eso lo sabe todo el mundo.
No es verdad.
Si lo es.
-Siempre llega tarde -suspira quitándose el casco e intentándose peinar el sudoroso cabello.
-Todavía le queda tiempo -lo dices sin mirarle, buscando algo en tu maleta- Ten. Apestas a sudor, te van a castigar en el patio.
-Gracias y lo se. A mi papá eso no le preocupa. Es buena señal o algo así -coge el cepillo que le pasas y mirándose en la barandilla procede a peinarse lo más decente que puede-. En cuento a si le queda tiempo la respuesta es; NO. Mi padre, usando siempre la forma más formal posible cuando quiere subirlo hasta lo más alto del cielo, siendo siempre perfecto en todo lo que dice o hace, siempre me dice que uno debe llegar veinte minutos antes de la hora. Sino fallas. Ella siempre falla.
-No entramos hasta las 08:50 a.m. -le recuerdas intentando no poner cara de disgusto y frenando el impulso de mira el reloj.
-¿Y? Debe de estar en la puerta esperando antes. También debería hacer deporte y tu. Mi papá dice que eso es sano y saludable y beneficioso para las personas que se preocupan por su salud.
-¿Palabras nuevas?
-Sí.
-Entiendo.
No lo entendía. Siempre usando miles de palabras sin sentido para demostrar que podía hablar años seguidos sin volver a repetir la misma palabra. Agotador.
Miro mi reloj sin fijarme en la hora. Es de color naranja y con dibujos de lo más variados.
Muy infantil.
Demasiado infantil. Ya no tengo 6 años.
Me gusta.
Mírala.
No.
Mírala.
No.
¡Mírala! 08:49 h.
-¡Buenos días! Siento llegar tan justa de tiempo. Mi hermana no salía del baño, mi madre estaba en el suyo preparando a las gemelas y mi padre estaba esperando allí su turno. Nada que al final será necesario u otro baño o cambiar de casa -nos saluda una alegre niña de cabello extrañamente rizado y recogido en dos tirantes coletas, relatando su ajetreada mañana.
-Buenos días -le devuelvo el saludo observando como se sienta a mi lado y balancea sus piernas.
-Buenos días. Siempre el mismo cuento. Solo que vendan la que tienen y os cambiáis a una más grande. Es lo que opina mi papá.
-Si la que tenemos es grande. Yo tengo mi propia habitación, mi hermana también y mis padres al igual que las gemelas comparten otra. Todo perfecto. Por lo que para nosotros ya nos va bien. Eso dice mi mamá. El problema son los baños en la mañana. Nada más. También suele decir eso mi mamá cada mañana.
-Pues ni tu papá ni tu mamá sabes de casas. En la mía mis padres tienen una habitación para cada uno. Además de que yo tampoco comparto ni mis hermanas tienen por que hacerlo. Cada uno tiene su propio baño en su propia habitación -se queda un rato en silenció buscando algo en su mochila- Tenemos dos cocinas, ya que la habitación de mi papá esta en la casita que hay junto a la piscina. Allí tiene de todo. No tiene porque compartir nada con mamá. Eso es lo normal.
-No es normal, ¿verdad?
-Supongo que muy normal no parece. Para nosotras lo normal es otra cosa, para él eso es lo normal y para otros lo normal será otra cosa. Todo es normal y a la vez no lo es.
Parece encontrar lo que buscaba. Desodorante en roll-on.
-Siempre lo traigo por si me pasan estas cosas.
-¿No te vas a limpiar antes o al menos cambiarte? Ponerse eso encima de algo que ya huele mal crea el efecto contrario.
-Tengo la ropa en la taquilla. Al entrar me cambiare en los baños y puede que me limpie un poco. Solo quería comprobar que lo llevaba para mostrárselo a la profesora y que ella no me pueda reñir.
-Siempre lo tienes todo pensado, ¿verdad?
-Mi papá me enseña bien. Al menos si quiero ser un hombre de bien en el futuro debo ya pensar en estas cosas. Todo el tiempo.
-Mi mamá también me habla de eso -ambos se quedan mirando unos segundos y después me miran a mi- ¿Los tuyos también te hablan del futuro?
-No. Ellos prefieren vivir el día a día. El futuro es incierto y peligroso. Lleno de lagrimas y acciones imposibles de predecir. No estoy de acuerdo con lo último.
-¡NIÑOS YA PODEIS IR ENTRANDO AL PATIO! ¡LAS CLASES ESTAN A PUNTO DE COMENZAR Y DEBEMOS PASAR LISTA ANTES!¡ENTRAD COMO PERSONAS CIVILIZADAS, POR ORDEN DE CLASE! -chilló la voz de una mujer desde los megáfonos situados a ambos lados de la entrada -¡PRIMERO DE INFANTIL! (una larga y dramática pausa) ¡SEGUNDO DE INFANTIL! (y otra larga y dramática pausa) ¡TERCERO DE INFANTIL! (y otra larga y dramática pausa) ¡CUARTO DE INFANTIL! (y otra larga y dramática pausa) ¡QUINTO DE INFANTIL! (y otra larga y dramática pausa) ¡SEXTO DE INFANTIL! (y otra larga y dramática pausa) ¡TODOS LOS DE PRIMERO! (y otra larga y dramática pausa)...
Cada mañana la misma rutina. Cada mañana la misma tediosa espera, perdiendo el tiempo. Siempre con sus largas y dramáticas pausas entre curso y curso.
Todos ya estaban cansados de esperar.
Tercero. Voy a primero.
Miro una vez más mi reloj. 08:57 h.
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