El gran Espectáculo - Miércoles (3)
- 3 -
09:07 h
El frío exterior empañaba los cristales del aula. El calor de dentro era casi asfixiante obligando a varios alumnos a quitarse sus chaquetas del uniforme. Todos salvo uno.
Siempre bien vestido. Uniforme planchado y ligeramente perfumado.
Cabello siempre en su lugar y unos ojos vacíos ocultos tras unas pequeñas gafas color naranja.
-Tengo ganas de que llegue el viernes y poder presentar mi proyecto -se quejo mi mejor amiga sentada a mi lado sin mirarme-. Claro que no te puedo contar que es. Ya sabes eso me trae mala suerte.
-Lo se. -observó a mi mejor amigo ablando con la profesora.
Siempre tiene excusas para venir oliendo mal a clase.
-Se que esta mal que yo lo diga pero me pondría un 10 -rio por lo bajo de solo pensarlo-. No. Se que será un 10. Estoy segura.
Veo como sale de clase.
-Siempre tienes un 10, no creo que en esta ocasión sea diferente.
Todo entre susurros.
Sin apartar los ojos de la pizarra, moviendo la mano sobre la hoja de forma automática. Nada de lo escrito en ella tenía el más mínimo sentido.
La profesora seguía explicando sin parecer importarle o percatarse que varios alumnos la ignorábamos.
-¿No te emociona el viernes? -pregunta mirándome de forma directa.
-Ni te puedes imaginar las ganas que tengo de que ya sea viernes.
La puerta de clase se vuelve a abrir. Mi mejor amigo entra despacio procurando no molestar, objetivo que no logra cumplir del todo.
-Que emoción. Tengo muchas ganas de ver que presentaras este año y ver la cara de los profesores. Sobre todo sus caras.
-Yo también. Este año será recordado por todos.
Una sonrisa se forma en mi cara de solo pensarlo. Nadie esta preparado para el viernes.
-Os podríais callar y esperar a la hora del patio para estar todo el tiempo hablando -se queja mi mejor amigo susurrando entre dientes, sentado delante nuestra-. Necesito aprender todo lo que pueda de matemáticas. Mi papá dice que los empresarios deben de saber de números si quieren ser de éxito.
-Exitosos no de éxito -le corrige mi mejor amiga pues odia que le manden callar cuando habla de temas que la emocionan- Además apenas a dicho nada que no sepamos. No es mi problema si siempre te pierdes el principio de todas las clases. Apestoso.
-Calla, las chicas solo molestáis. Hablando de tonterías. No te pienso hacer caso a nada.
-¿También te lo dice tu papá eso? -pregunta solo para molestarlo.
Miro el reloj. 09:17 h.
-Claro, quien sino -le responde sin darse cuenta de que había dejado de prestar atención a la profesora y ahora apuntaba todo lo que él iba diciendo-. Él lo sabe todo en la vida y me lo esta enseñando a mi cuando salimos a correr dos veces al día. Una por la mañana y otra por la tarde. El deporte es bueno para la salud.
-¿Dos veces? Un poco exagerados si sois.
Mi mejor amigo se gira de golpe dispuesto a contradecirla con las mismas frases de siempre; mi papá dice, mi papá me ha enseñado, mi papá...
-A los dos parlanchines del fondo, si tan aburrida os parece mi clase tenéis dos opciones. Podéis ir a visitar al director o aprovechar todo el patio en el aula repasando la lección de hoy ¿me explicó? -les preguntó mientras daba repetidos golpes con el pie.
-Perdón profesora.
Ambos se miraron con rencor. Odiaban ser interrumpidos cuando discutían. Amaban discutir.
Parecen abuelos atrapados en cuerpos de niños pequeños. Ancianos casados desde hace más de 60 años que ya no se soportan pero a la vez no saben vivir el uno sin el otro. En el fondo se quieren más nunca dicen... a que profundidad.
Miro hacia la ventana. Hay caras terroríficas en ellas dibujadas por la poca humedad que todavía queda de la mañana.
Nadie más parece verlas.
Invisibles.
Rostros deformados por el dolor.
Rostros chillando en completo silencio.
Miro el reloj. 09:29 h.
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