El gran Espectáculo - Miércoles (7)

 

- 7 -



15:23 h.


Tenia sueño.

    Una vez más la comida me apagaba.


    Me dolía un poco menos la cabeza después de la pastilla que me había dado la madre de mi mejor amiga.

    Todavía notaba el cuerpo cansado. Al menos, lo bueno, era que todo terminaría al llegar el viernes y poder presentar en sociedad El Gran Proyecto.

    Necesitaba desesperadamente volver a casa pero los protocolos sociales dictaban que si vas de visita a casa de alguien no puedes irte enseguida de comer. Al menos lo recordaba así.


    ¿Cuándo era que podíamos?

    Algunas horas después.


    ¿Cuántas?

    Las apropiadas.


    ¿Cuántas?

    Las necesarias.


    ¿Cuántas?

    Cuando les cambiaba el rostro y su sonrisa no llegaba ya hasta los ojos. Creo, ya he dicho que no lo recuerdo del todo bien.


    Se que si estas más tiempo del que se considera correcto la gente se molesta. El problema es que no lo dicen, solo se quejan con otras personas cuando ya no estas. Mientras estés te seguirán dando conversación.

    Puede que ya no quiera estar en la casa pero mi mejor amiga quiere hacer cosas conmigo. Nada que ver con su proyecto mal tapado con sabanas que esta en su habitación.

    Es algo de un nuevo libro que a salido, algo que le lee a sus hermanas y que se queja sobre tener que leerlo al nuevo bebé.

    –Dime si es normal. Ya somos muchos aquí y como sabes las mañanas son una locura. Añade otro bebé que solo pueda llorar y veras el estrés. No voy a volver a llegar a tiempo en mi vida a clase. Puede que vengan mis abuelos para ayudar, la otra vez lo hicieron. Mamá no podía levantarse de la cama. No estaba bien. Papá se ocupaba de mi y los abuelos de los bebés. De mis hermanas, las cuales solo podían llorar y ya. Día y noche. No saben que los vecinos se pueden quejar. Claro que los vecinos, si no voy mal, también habían tenido un bebé hacia poco y nosotros aguantamos sus llantos así como los del perro. No sabia que los perros podían llorar hasta ese día…

    –No lloran

    –¿Qué? –preguntó viendo su monologo interrumpido y volteando todo su cuerpo hacia mi– Yo los he oído llorar. No me puedes decir que no llorar cuando yo sí los he oído llorar. Sabes que no puedes llevarme la contraria a algo que he vivido. Si no fuera así te lo dejo pasar como el hecho que estés toda tirada sobre mi cama perfectamente hecha de esta mañana. Me ha costado mucho y aun así no te he dicho nada porque es de mala educación hacer esas cosas. Yo lo se porque me lo han enseñado en casa pero por lo visto a ti no te lo han enseñado en casa. Deberías pedirle a tus padres que te enseñen porque los míos no pueden hacer eso con los hijos de otros. Por lo visto, no entiendo el motivo, pero yo puedo porque no estoy criando otros hijos sino a mi mejor amiga, ¿verdad?

    –No te llevaba la contraria solo que creo recordar que no era llorar, lo leí en un libro de la biblioteca. Nada más. Estoy tumbada en la cama porque tu mamá me ha dicho que cerrara los ojos hasta que no me doliera la cabeza, que no pasaba nada con la cama ya que estaba sin hacer.

    –¿Sin hacer? Nunca la dejó sin hacer, siempre me da tiempo ¿Segura de eso, no me mientes?

    –¿Yo te miento?

    –No, de normal no. Nunca. No te gusta. A mi tampoco por eso eres mi mejor amiga. Dices las cosas como son.

    –Lo sé.

    –¿Te duele mucho? ¿Pido a mi mamá que te haga un té? A mi me ayuda.

    –Sí profa.

    –Ahora vuelvo – susurro ya cerca de la puerta mientras apagaba la luz del techo– ¿Se lo pido como siempre?

    –Sí profa.

    –¿Me calló un poco cuando vuelva? Mamá a veces me riñe porque soy como un pájaro de esos verdes. Son guapos a mi me gustan pero se hace pesado, lo se. Lo siento, no me doy cuenta, es que en clase no podemos hablar tanto como me gustaría ya que nos riñen y en el patio siempre pasan miles de cosas…

    –No te preocupes, no me molesta que hables… me… relaja pero así no me duermo… aunque me gustaría descansar un poco. Solo un poco.

    –Siesta exprés. Te aviso cuando tenga el té. Gracias.

    –A ti por ser como eres.

    Incluso con los ojos cerrados y el brazo sobre ellos puedo notar como mi mejor amiga sonríe antes de cerrar la puerta con mucho cuidado, sin hacer ruido y por lo tanto sin terminar de cerrarla del todo.

    Solo hay una forma para ella de que la puerta quede completamente cerrada y es dando un portazo. Siempre la riñen por como lo hace pero no lo sabe cambiar. Una pena para todas las puertas de su vida.

    Es buena y se preocupa por todo el mundo. Le gusta hablar sobre su familia y quejarse sobre ella mostrando que no todo es tan perfecto.

    Todos en clase lo hablamos pero los adultos no pueden saber nada. Sino seriamos como los abuelos, terminaríamos como ellos.

    La vida no es perfecta y yo cada vez tengo más dolor de cabeza.


    Bueno ahora no pero de normal si.


    La verdad es que necesito este momento a solas.

    Necesitamos pero no puede ser muy largo, el trabajo no se hace solo.

***

20:5h.


¿Dónde estamos?

    No me suena nada de lo que hay aquí. Cosas, ¿verdes?


    ¿Plantas?

    Arboles. Las copas de los arboles, suelen ser verdes pero estos a pesar de tener hojas son de un color mucho más marrón.

    Es por la época del año en la que estamos. Nada de lo que preocuparse.


    ¿Entonces que es esa cosa verde?

    Esta oculta detrás de las copas de los arboles y solo llego a ver una parte.


    Levántate y averígualo.

    ¿Levantarme? ¿Estoy en el suelo? No me había dado cuenta, me duele el cuerpo y siento la cabeza casi a punto de explotar.


    Despacio me voy incorporando intentando no marearme más de lo que ya estaba. Miro a mi alrededor para intentar descubrir donde estoy.

    Mi reloj suena, miro mi muñeca y no esta. Lo busco con los ojos y logró ver el brillo que emite la esfera a varios metros de mi.

    Sigo mirando, la oscuridad me dificulta ver o reconocer algo.

    Gateando me acerco al reloj. En el camino me clavo algunas piedras y ramas.


    Mira la hora.

    Déjame en paz.


    Mira la hora.

    Cállate.


    Mira la hora.

    Necesito saber primero donde estoy no la hora que es. Ojala tuvieras un botón de silenció como la tele. Tal vez uno de apagado. Uno de no volver nunca más. Ojala estar sola por una vez desde ese día.


    Mira la hora.

    Consigo llegar al reloj que sigue sonando indicándome con su pálida luz donde se encuentra. 21:03 h.

    –Tengo que descubrir que ha pasado y donde estoy. Tengo que volver ya a casa. –sigues mirando a tu alrededor a ver si logras ver tu mochila, empiezas a tener bastante frio sin la chaqueta– ¿Se habrán dado cuenta en casa de que todavía no he llegado?

    –No.

    Logras ver una tenue luz amarillo radiactivo. Esa tela que se empeñaba tu madre que llevaras por si oscurecía y los coches no te podían ver. Por una vez reconocías que era útil.

    Despacio como la otra vez te acercas a la mochila y la abres.

    No esta la chaqueta.

    –En casa de mi mejor amiga. Seguro que la he dejado en su habitación, no es la primera vez. Espero no estar lejos de casa o me voy a poner enferma y tendré que cancelarlo otra vez. Odio esta época del año.

    Por suerte siempre te ponen una linterna, unas vitaminas de emergencia y una libreta con los números de los mayores por si en alguna ocasión te perdías.

    También están las cosas de clase pero no los deberes.

    –Eso es más raro que me lo deje en su casa. Que raro –enciendes la linterna– faltan más cosas, ¿Qué eran?

    –No me acuerdo que llevabas en la mochila esta mañana a parte de la comida y mi peluche.

    –No esta.

    –¿La comida? Normal, esta en tu barriga.

    –El peluche, no esta. Nunca lo dejó. Nunca se aparta de mi, tiene que estar por algún lugar.

    –¿En su casa?

    –No lo creo.

    –Yo si.

    –Yo no.

    –Yo si, seguro se lo ha quedado ella. Más de una vez nos ha dicho que le gustaba y sabe que es nuestro que no lo puede tener y ella siempre lo tiene todo, incluso aquello que no quiere tener. Va a tener otro hermano…

    –O hermana…

    –O hermana. No se merece mi peluche. Es mío, solo mío. Vuelve a por él. Me prometiste no perderlo.

    –No lo he perdido, si esta en su casa, se donde vive puedo pedirle mañana por la mañana que me lo lleve al cole. No pasa nada, ella no roba. No es así y lo sabes. Tranquilízate y respira despacio.

    –No respiro y es mío. No voy a esperar a mañana solo porque seas tan vaga como para no ir un momento a su casa y traerme lo que es mío y tu sabes que es mío solo me lo estas cuidando hasta que vuelva. Voy a volver y lo sabes, lo estamos organizando para volver. No puedes simplemente quedarte tan tranquila diciendo que ya mañana lo arreglas. Nunca arreglas nada. Ni ahora ni antes. No va a funcionar y lo sabes. Lo saben ellos y no son consientes de que lo saben, me tienes harta de tus mentiras. Ahora levántate del suelo y ve a por lo que es mío o será mucho peor que antes. Yo si cumplo, no soy como tu.

    –No puedo más –respiras despacio cerrando los ojos con fuerza, el dolor de cabeza a vuelto y es mucho peor, empiezas a ver borroso de un ojo– necesito saber donde estoy para ir o no a su casa o a la nuestra. Así que me da igual que no respires, yo lo necesito.

    –Pues respira más rápido o si se darán cuenta de que no estamos. Solo te ignoran no es que de verdad seas invisible y no se pueden permitir volver a llamar la atención, son perfectos para los demás y llevan las tragedias de forma perfecta.

    Abres los ojos y con la linterna apuntas a tu alrededor. La luz ayuda a poder descubrir donde estas. Cerca de casa, en la entrada de la urbanización. Reconoces mejor los arboles y puedes ver ese cartel tan feo verde que da la bienvenida a todo aquel que quiera entrar al recinto.

    Decisiones, la vida se basa en ellas.

    El reloj vuelve a sonar.


    Mira la hora.

    No.

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