El gran Espectáculo - Miércoles (8)
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No hay de buenas o malas, solo consecuencias de las mismas.
21:27 h
Ya había llegado a casa.
Al menos estaba fuera, viendo las luces a través de la ventana. Oliendo en el aire la cena que había preparado mi madre.
Las luces del segundo piso estaban encendidas.
La del baño.
Seguro le estaban dando un baño antes de llevarlo a dormir.
Una rutina tan marcada por los tiempos que en ocasiones me daba frío por la espalda.
Todas las casas tenían una rutina muy marcada.
Demasiado marcada.
Todos en mi calle tenían mínimo dos hijos de diferentes edades. Cada padre parecía comprometerse en diferente medida y forma en la educación de los suyos.
Todos debían aparentar ser una familia perfectamente funcional. El amor de los padres hacia sus hijos debía ser visto y admirado por todos.
El respeto de hijos hacia padres igual de importante para la sociedad.
En ultimo lugar estaban los abuelos y abuelas de las familias.
No todos tenían.
La mayoría decidía retirarse de forma voluntaria de la sociedad ingresando en el mismo edificio.
Llevaba sin ver a los nuestros mucho tiempo. A veces llamaban para ver como estábamos nosotros y preguntábamos como estaban ellos en ese gran edificio.
Comida.
Habitaciones compartidas con otros abuelos y abuelas.
Paseos ocasionales por el parque.
Paseos ocasionales por los museos.
Visitas ocasionales a las guarderías.
Todo lleno de lujos.
–Algunos caminaban.
–Otros no.
–Algunos corrían.
–Otros no.
Cada uno era libre de hacer lo que quisiera con su tiempo. Salvo ir a su casa sin permiso.
Eso lo vi hace tiempo.
Se presentaron a casa sin avisar.
Mamá y papá se enfadaron mucho. Mamá lloraba y chillaba cosas sin sentido.
Papá los echaba sin levantar la voz para que los vecinos no lo supieran.
Todos iban vestidos de negro.
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo. De solo pensarlo me duele la cabeza. Necesito mis vitaminas.
Me supo mal por ellos, se les veía muy tristes. Tan tistes cuando se fueron. No llamaron en mucho pero que mucho tiempo.
Cuando él nació sonó el teléfono a la semana.
Una conversación corta y formal.
Fría.
No me dejaron hablar con ellos y eso me puso triste. Los añoraba.
Antes los veía casi siempre.
Vinieron a ayudar.
La segunda vez ya no. No estaba bien visto.
Ni ellos ni ninguno de los que estuvo allí ese día. Nadie los quiere cerca.
No los padres o las madres. Ni los hijos de esos padres y madres. Ni los nuestros. Ni el centro.
Ahora ellos ya no salen. Nunca.
No hay paseos por el parque.
No hay paseos por el museo.
No hay nada relacionado con la guardería.
La vieja guardería.
Sacados a la fuerza por la misma sociedad que durante tanto tiempo les impuso un papel sin ni siquiera pedirlo o quererlo.
Al igual que a ti.
Al igual que a mi o a ti.
Injusto.
–Deberíamos entrar por la puerta de atrás sin que nos vean y subir a la habitación sin hacer mucho ruido. Esperó un poco y salgo como si llevara allí mucho más tiempo del que ellos creen.
–No creo que eso funcione. Seguro lo primero que han hecho a sido ir a la habitación para ver si ya estaba allí.
–No lo creó.
–Yo estoy segura. Miras la luz, esta encendida y nunca la dejo encendida. Ellos si para que sepa que me van a castigar por llegar tarde y no avisar.
–¿Han llamado a su casa?
–No lo creó. Ni a la policía. No voy a desaparecer. Solo estarán enfadados y ya. No preocupados, no es la primera vez pero prometo que será la última.
–Me da igual, después tenemos que salir para ir a por mi peluche.
–Mañana.
–Hoy.
–Mañana.
–Hoy.
–No puedo discutir conmigo misma es perder el tiempo. Voy a entrar, probable ya este detrás de la puerta esperando a que llegué, puede que me haya visto a través de la ventana. Escucho lo que me tenga que decir o reñir o lo que crea conveniente y subimos sin decir ni una palabra. Nada de nada. Después cuando se duerman veré si puedo o no salir esta noche.
–Llevas una semana gran parte de la noche despierta y no se han dado cuenta. Ni sabrán que no estas. Entramos en la otra casa, subimos a su habitación y sin que se de nadie cuenta ni lo tenga por que saber nos lo llevamos y también puedes coger los deberes y tu chaqueta.
–No lo sé. Puede que se haya dado cuenta y lo tenga todo preparado para traerlo mañana. Seguro que a visto esas cosas en la habitación cuando la intentaba arreglar.
–No, es demasiado despistada y por la mañana no pensara en ello. Solo piensa en su familia y no sabe otra cosa que no sea como hacer para que su familia se organice un poco mejor por las mañanas.
–Si lo saben. Lo han dicho antes.
–Me da igual.
–Necesitan ayuda. –sin saberlo tu rostro a cambiado.
–Necesitan ayuda de un profesional.
–Vamos esta noche.
–Así me gusta, que me hagas caso por una vez en tu vida.
–Ahora toca entrar.
–Ahora toca irme. Buena suerte.
Silenció durante escasos segundos. Una fuerte respiración y el crujido de una puerta al abrirse.
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