Relato 48: El origen de Tanit (2)
Holis, aquí otro fragmento más del relato presentado en el concursó de Relato 48
Os recuerdo cual fue la frase seleccionada de las tres opciones disponibles: Siempre quise entrar en el exclusivo club 48
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El sol brillaba con todo su esplendor en lo alto del cielo. Las blancas y mullidas nubes apenas eran un impedimento para que sus rayos tocaran el frío pero mullido suelo.
Solo las densas copas de los árboles parecían querer proteger lo que había debajo de ellas.
Ocultando un secreto a plena luz del día.
— …entendéis que una vez finalizado es obligatorio desaparecer de la memoria de todo aquel que os haya podido conocer o simplemente ver, sin excepción posible… -era una voz demasiado pesada y gutural para ser humana- ¿Me estáis escuchando? No es algo que repitamos, es una excepción en este espacio-tiempo, pero necesitamos solventar esa brecha lo antes posible. Disponéis de poco Tiempo para terminar vuestra tarea.
—Disponéis de poco Tiempo para terminar vuestra tarea… -repitió una voz parecida al tintineo de unas pequeñas campanas al sonar.
—¿Alguna duda, Tanit?
—Vosotros tenéis poco Tiempo para resolver dicho problema, yo no. No entiendo por qué se me ha requerido, no estoy tan aburrida. Esto, sin lugar a dudas, no es para nada divertido.
Miles de ojos se posaron sobre ella, que continuaba canturreando mientras se balanceaba sobre los pies. Sus ojos, ocultos por un espeso y rizado cabello castaño, parecían entretenerse con el cadáver de una pequeña ardilla.
Sin lugar a dudas una insolente.
—Estás aquí por el mismo motivo que todos. Es una fisura en el Tiempo. En nuestro Tiempo. No solo nos afecta directamente a nosotros… a ella también. El Señor podría notarlo, y de ser así, las represalias son para nosotros. Para todos nosotros, -puntualizó sin dejar de mirarla- serían sin lugar a dudas, nefastas o en tus palabras; poco divertidas.
—El problema no es arreglarlo. Es descubrir, el verdadero motivo del porqué los guardianes no han sabido hacer su fácil trabajo y ahora nos vemos arrastrados dentro del mismo saco. No es mi trabajo, es el vuestro.
—Es el de quienes pertenecemos a este lugar.
—Es del Señor. Tan poderoso no será si todavía no lo ha notado. Yo lo supe hace más de un mes y no vi que nadie hiciera nada -encogió los hombros antes de continuar-. Sois viejos. Sois lentos y sin lugar a dudas os estáis marchitando junto a Tiempo.
Las 46 sobras proyectadas en el suelo temblaron de ira y rabia rodeando su cuerpo. Empezaron a cantar antiguos cánticos mientras poco a poco iban girando en sentido contrario a las agujas del reloj.
—¡Parad! -chilló Primero lleno de ira mal controlada, mientras algunas llamas se escapaban de sus labios- No hay Tiempo. Marcharos lejos de este bosque y buscad por cada rincón habitado o no. Imaginado o no. Preparado o todavía por existir. Nos da igual -volvió a chillar sonando igual a miles de cuchillos deslizándose sobre cristal- Menos tú, Tanit. Aquí y delante del propio mundo, de tus semejantes, te expulso. Las posibilidades de formar parte de los 48 ya no existen, ni existirán.
—Oh, no. Señor, por favor, no seáis así. Siempre quise entrar en el exclusivo club 48 -suplico juntando sus manos en forma de plegaria y moviéndolas frente a su rostro-. Una pena no poder retroceder el Tiempo y enmendar mi más nefasto error, oh señor Primero.
Sobra decir que cada palabra que salió de entre sus labios era pura ironía y arrogancia propias de alguien que no ha vivido el Tiempo suficiente.
Una macabra sonrisa surcó el rostro de Primero, desfigurando sus ya deformes rasgos hasta parecer un amasijo de protuberancias mal diseñadas. En sus oscuros ojos un brillo se hizo presente.
—Deseo concedido.
La voz procedía de su espalda. Otra figura demasiado alta y esbelta cubierta con una larga túnica negra. Esta sacó un reloj de cadena de color plata salpicado de gotas doradas.
—Diviértete, Tanit, estaremos observándote. Al final del día verás que el trabajo es para todos por igual. Al final del día serás consciente de la importancia de las palabras.
Ahora 45 sombras la rodeaban y empezaban, por segunda vez, con los antiguos cánticos sagrados. Girando cada vez más y más de prisa en sentido contrario a las agujas del reloj. Cambiando su entorno y su cuerpo.
El dolor era insoportable.
Los chillidos de pura agonía despertaron y asustaron a todos los habitantes del bosque.
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Espero que os haya gustado este corto fragmento y nos vemos en el siguiente. Os quiero y os mando un abrazo virtual.
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