Relato 48: El origen de Tanit (4)
Holis, oficialmente ya hemos pasado la mitad del relato.
Que nadie desespere, al final es una historia corta pero no estaba segura de si ponerlo todo de una o en dos partes se iba a disfrutar tanto.
Al menos no si lo lees en el móvil.
¿Opináis lo mismo?
***
Destino continuaba sentado en el mismo lugar desde hacía algunos siglos, observando la larga superficie de su mesa. En ella había una representación de ambos mundos con todos sus habitantes. Incluido su pequeño refugio entre ambos.
Un lugar suspendido en la misma Nada. Una inmensidad oscura les rodeaba, salpicada de millones de gotas doradas.
—No insistas. No supone ninguna amenaza -una voz baja y profunda como el mar en calma.
—Sí, puede. Lo ha notado -otra voz mucho más potente y ansiosa, al igual que los andares de su portador-. Él no es tan poderoso como pretender ser, es solo un gran farsante. ¡Yo, Destino, yo sí lo tengo y míranos ahora! ¡Hay una brecha, una fisura y todo es por tú culpa! -chilló situando su rostro a escasos centímetros del otro.
—No, querido mío, fuiste tú quien la creo. Yo, solo decidí continuar aquello que habías provocado. -se justificó mientras movía ligera una de sus manos en dirección a la mesa.
—Pues enciérralo. Páralo. Me da igual las técnicas que utilices en esta ocasión, Destino, ¡No puede seguir en marcha!- su aliento se había vuelto fuego.
—Lo siento, tengo las manos atadas -se volvió a justificar enseñando sus huesudas muñecas atadas con pesadas cadenas de oro rojo-. Quisiste ser dueño y señor de tu propio Destino. Tu sola voluntad y todo, en esta vida, tiene un precio. Te lo advertí mas eras demasiado joven, ignorante y orgulloso para escuchar lo que tus ancianos intentaron decirte.
—¡No juegues conmigo, Destino! Sabes muy bien que te puede pasar -y las cadenas se volvieron todavía más rojas.
Un chillido surcó el vació sin la necesidad de rebotar en ninguna superficie.
—Puedes fingir frente a todos los demás. Llevar un nombre que no es tuyo mas ambos sabemos que este teatro pronto llegará a su fin. Ella es tu verdugo.
—Eso no ocurrirá. No voy a permitirlo.
Un chasquido de sus dedos y desapareció.
Destino continuo, impasible, moviendo con ligereza sus manos sobre la superficie de uno de los mundos. Las cadenas habían desaparecido, en cambio las marcas continuaban grabadas en su piel al rojo vivo, ocultando viejas cicatrices idénticas a las más recientes.
Las fichas iban y venían.
Los gritos de dolor continuaban sonando tan lejanos que no parecían pertenecer a ningún espacio definido.
—Nunca ha sabido llevar bien las consecuencias de sus actos. -puntualizó una voz con cierto eco en ella desde un lejano extremo de la mesa.
—Muerte, ¿tú por aquí? -preguntó risueño, apartando los ojos de la fascinante mesa.
—¿Les puedes dejar sin supervisión?
—Claro, no ocurre nada mientras no miro. Tiempo se encarga de ello.
—¿Me llamabas? -ahora esta provenía del otro extremo de la extensa mesa.
—Los dos en el mismo lugar y visitando a un carcamal como yo. Será este mi día de suerte y al fin podré descansar estos maltrechos huesos.
—Para nada, viejo amigo -expuso Muerte exhibiendo lo que en teoría eran las palmas de su mano, si en ella hubiera carne alguna que las cubriera-. Solo vengo en calidad de invitada y observadora.
—A mí me espera algo que no puedo evitar, querido mío. Mi Destino está por llegar, tal y como me advertiste hace tantos milenios atrás.
—El Destino es claro. Todos ellos lo son. Tú más que nadie, deberías saber que nada tiene un principio ni nada tiene un final. Solo una transformación. Vivimos una hace siglos y ahora podemos presenciarlo una vez más. Presumid de ello, no cualquiera puede hacerlo.
—Soy consciente. Mucho más consciente del cambio que ella -puntualizo mientras observaba una figura moverse por el pequeño mundo.
—Jóvenes ignorantes llenos de Vida y Sueños… -comenzó Muerte.
—Y Arrogancia… -terminó Destino.
Los tres asintieron a la vez.
Muerte fue la primera en desaparecer. Seguida muy de cerca por Tiempo.
Destino suspiró, volviendo a quedar completamente solo en la Nada. Clavando una vez más sus grises ojos sobre las figuras que continuaban sin saber nada de todo aquello.
***
Vamos avanzando por la trama y desvelando un poco más del mundo.
Comentarios
Publicar un comentario